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ace muchos años leí un libro que se llamaba La diferencia hace la diferencia. Con tantas mudanzas y cambios de país, el libro se me ha perdido y no me acuerdo ni siquiera el nombre del autor para darle el crédito merecido. Lo que si recuerdo es un argumento muy interesante que proponía acerca de las diferencias en el matrimonio. Él decía que cuando buscamos un cónyuge, buscamos a alguien que sea diferente de nosotros, es decir, alguien que sea nuestro complemento y no nuestro espejo. Y lo hacemos así por muchos motivos .
Primero, es muy difícil convivir con los defectos de uno que se reflejan en el otro. Ver mis defectos en las actitudes y acciones del otro resulta muy complicado. Equivale vivir mirándose al espejo continuamente. Basta recordar el juego infantil del espejo , donde uno se pone a imitar al otro, para entender lo difícil que es aguantarlo. Por eso, inconscientemente, elegimos a alguien que tenga otros defectos pero no los nuestros.
Segundo, buscamos alguien diferente porque esto enriquece nuestra existencia. El propósito de Dios para la pareja ha sido crearla con la necesidad de que se unan dos seres diferentes.
La necesidad de tener a alguien diferente como cónyuge permite que la pareja sea “completa” , entera, una. No quiero decir con esto que las personas solteras sean incompletas. Lo que quiero decir es que en el proyecto de pareja funciona una dinámica distinta: dos personas se vuelven una sola carne. Y esto sucede no sólo a nivel físico sino en el
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ámbito emocional y espiritual. Volverse una sola carne es un proceso y no un momento.
Es un camino que Dios propuso para que la pareja lo trille y, al hacerlo encontrará una nueva dimensión de riqueza.
Para enriquecernos Dios pone en nuestro corazón el sentido de búsqueda de un cónyuge que sea diferente, no en todo, pero si en muchas cosas. Basta dar una miradita a nuestro alrededor . Entre las parejas que conocemos veremos claros ejemplos. Uno es más callado; el otro habla más . Uno es organizado con su tiempo y sus cosas; al otro le cuesta mantener las cosas físicas en orden , pero tiene una lógica mental impecable. Uno es más sociable y le gusta tener muchos amigos y amigas; al otro le gusta más la soledad y el silencio.
Hasta aquí hemos hecho observaciones , es decir comentarios a los que no damos una valoración moral. ¿ Será una manera de ser mejor que la otra? !Claro que no! Simplemente son diferentes. No existe una única forma que sea correcta o errada . El autor cuyo libro mencioné al comienzo hace una afirmación increíble : No existe la “incompatibilidad de caracteres” ; simplemente existen personas que no saben manejar sus diferencias .
Este autor afirma que es la diferencia lo que hace la diferencia y, sobre todo la manera en que la manejamos. Si la apreciamos y permitimos que nos enriquezca , la diferencia se convierte en el pegamento que une aún más a la pareja, porque cada uno aprende a apoyarse en los puntos fuertes (diferentes del otro). Si la vemos como defecto , es posible que conduzca al divorcio , en casos extremos, o a un infierno en vida, si se maneja mal.
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Yo estoy bien, Tú estas mal
No sé en qué momento la pareja hace la transición hacia la actitud que voy a describir. Algún tiempo después de la boda, la luna de miel se termina y cada uno empieza a ver los “defectos” del otro. Hay un diálogo interno más o menos así: “Por qué él/ella no hace las cosas como yo? Ya le dije un montón de veces que las cosas deben hacerse así (entiéndase, a mi manera). Si lo hiciese como yo digo/hago, todo estaría bien y viviríamos en paz...”
Sin darnos cuenta, muchas veces, ya hemos cambiado de actitud. El mensaje inconsciente que enviamos con esta actitud es: “Tu manera de hacer las cosas no es tan buena como la mía”. La otra persona se siente criticada, sus defensas empiezan a entrar en acción y comienza a gestarse un posible conflicto. Pienso que vale la pena detenerse brevemente para tratar de entender un poco mejor esta dinámica.
Cualquier persona que percibe que la están criticando se siente amenazada y saca sus defensas para protegerse. Quizá una de las cosas más difíciles de enfrentar en la vida es el rechazo. Más todavía, la posible amenaza de un rechazo basta para disparar nuestras defensas.
Castillos y Defensas
Imaginemos que cada persona es un castillo. Los castillos no son todos iguales: algunos son más accesibles que otros, tienen su propio estilo de decoración interna o externa, tienen tamaños diferentes y se encuentran en sitios distintos. Cuando a los habitantes de un castillo
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se les avisa que hay una posibilidad de ataque, se sube en puente levadizo, se cierran las puertas y se hacen preparativos para la defensa.
Así somos los seres humanos y así actuamos. El problema es que, una vez iniciada la defensa, ya no se oye nada más. La comunicación se rompe (uno no da entrada al castillo a un “extraño” que puede ser espía o al “enemigo”). Muchas veces se requiere una tregua para que se pueda volver al diálogo. Pero aún, algunos dueños de castillos no están dispuestos a disminuir la guerra si no hay rendición incondicional de la otra parte.
Creo que es importante entender la dinámica de funcionamiento porque, al entenderla, podremos buscar maneras de desarmarla. Hay varios puntos de entrada para evitar conflictos mayores.
El Desmantelamineto de la Guerra
Para desmantelar la guerra provocada por el conflicto, en primer lugar, hay que tomar conciencia de que todos somos diferentes y que esta diferencia debe ser vista como virtud y no como defecto. ¿Cómo puedo transformar en virtud este aparente “defecto” de mi esposo? Comprender que todos somos diferentes y que éste fue el propósito de Dios, muchas veces nos da alivio ya que vivimos en un mundo de ilusiones en cuanto al matrimonio. El mundo nos transmite una percepción muy distinta de cómo debe ser la relación conyugal. Su mensaje es: “Si tu pareja y tú no se ajustan, búscate otra persona”. En nuestro mundo de conveniencias, hasta los matrimonios ahora son desechables.
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No creo que sea posible transformar al otro. Nadie cambia a nadie. Uno solamente puede cambiarse a sí mismo. No puedo cambiar al otro, pero puedo cambiar mi percepción del otro. En Romanos 12.2 el apóstol Pablo nos exhorta a renovar nuestra mente.
No se adapten más a la forma de este mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de la mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.
En la relación de pareja, esto no es un juego mental de apariencias. Implica cambiar el “diálogo interno” que todos mantenemos , hacer una decisión consciente de que vamos a pensar lo mejor del otro ( y no lo peor). Con el tiempo hasta el funcionamiento de nuestro cerebro cambia, y lo que empezó con esfuerzo se vuelve automático.
El autor del libro que he mencionado dice que no cree en el divorcio entre cristianos por razones de incompatibilidad de caracteres. Todos tenemos acceso a la infinita gracia de Dios. Si ambos buscan al Señor con humildad y verdadero arrepentimiento , siempre habrá posibilidad de reconciliación y de llegar a arreglos. Dios nos creó diferentes y ésta fue su voluntad perfecta para el matrimonio. A nosotros nos toca aprender a ver estas diferencias como riqueza y no como defecto.
En segundo lugar, hay que mirar la forma en que hablamos el uno con el otro, cómo nos tratamos. Hay al menos un millón de disculpas para justificar la conducta propia “ Soy así, no puedo cambiar” “así era mi familia”: “mi mamá lo hacía así”, “mi papá lo hacía de tal manera”. Pero el matrimonio no está hecho de excusas.
Hay que decidir la prioridad que se dará al matrimonio . Yo personalmente creo que, después de la relación con Dios, la relación
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con el cónyuge es la más importante. Es matrimonio es tan importante ante los ojos de Dios, que la Biblia comienza y termina con bodas: Adán y Eva y Las Bodas del Cordero y su Iglesia. Si yo estoy casado con un hijo del rey Jesús, debo tratarlo según su posición en el Señor.
La cosa más común que veo en la vida y en el consultorio , es la presencia de situaciones en donde uno de los cónyuges pierde la argumentación por la manera en que habla o hace las cosas. Su idea o su propósito es correcto , pero la forma en que lo expresa daña todo y hace que cada uno vuelva a su Castillo.
Quizá el habitante de un castillo quiera ayudar al otro y para ello salió con todo su ejército. Salió con su ejército porque tenía miedo de los ladrones que podían asaltarle en el camino. El habitante del segundo castillo al ver que viene todo el castillo, no sabe cual es la intensión del otro, piensa lo peor (que es una tendencia humana) y se prepara combatir el ataque. Empieza así la defensa de lo que describimos anteriormente.
La manera en que nos presentamos determina, muchas veces, si seremos oídos o no. Si vengo con todo mi ejército aunque tenga razón en lo que quiero decir, pierdo el argumento por la forma en que me presento. Es importante aprender a relacionarse el uno con el otro de tal manera que el cónyuge no dispare sus defensas. Una vez que se disparan el otro ha dejado de escucharnos. Ya está pensando en la próxima cosa que decir para defenderse del “ataque”. Ya no está oyendo más . Esto nos lleva a la clásica discusión de parejas.
El matrimonio es una discusión de aliados. Al casarnos hacemos un pacto de paz. No rompamos nuestra alianza convirtiéndonos en enemigos. Es mejor prevenir que remediar.
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Aprender a manejar las diferencias
¿Cómo podemos entonces manejar nuestras diferencias? En primer lugar reconociendo que somos distintos. Muchas personas no se dan cuenta de la dinámica que expusimos anteriormente . Reconocer nuestras diferencias nos da la oportunidad de aceptarnos como somos. No vamos a lograr cambiar al cónyuge .
Uno de los grandes mitos que hay es pensar que después de casarse el cónyuge cambiará . Hay que evaluar antes de casarse no después. Los hábitos cambian con dificultad.
También debemos tomar en cuenta que las personas perciben el mismo hecho de distintas maneras. Nadie es dueño de la verdad, a excepción del Señor. Aun entre esposos cada uno percibe según sus experiencias en el pasado, su modo de pensar, su momento, y muchos otros factores. Es necesario dar espacio a la otra persona, admitir el hecho de que no tiene la misma percepción que uno.
A veces es necesario ponerse de acuerdo con que no se está de acuerdo y en que es posible que en ese asunto nunca se pongan de acuerdo. Mi esposo y yo venimos de tradiciones denominacionales muy distintas. Aunque los dos somos evangélicos, hay ciertas doctrinas que no discutimos. Hemos decidido que cada uno tiene derecho a mantener su opinión al respecto y que no hace falta estar de acuerdo en todos los puntos.
Por otro lado hay temas que son fundamentales en la unión, como, por ejemplo, cómo lidiar a los hijos, cómo gastar el dinero, las visitas de la familia, etcétera.
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El Conflicto
Hay dos extremos en cuanto al conflicto . Algunas personas tienen tanto miedo al conflicto que hacen cualquier cosa por evitarlo. Otras personas parece que sólo saben vincularse mediante el conflicto. Por increíble que parezca , el conflicto puede ser señal de salud. Significa que el tema es tan importante y las personas involucradas son tan vinculadas, que vale la pena pelear por este asunto. Cuando a uno realmente le importa el otro, y las cosas de la vida común, seguramente surgirán algunos malos entendidos por esto. Lo opuesto al amor no es el odio sino la indiferencia. No peleo por las causas que no me importan.
Muchas personas piensan que todo conflicto es malo y hace daño, o que, si somos cristianos, nunca peleamos, o al menos nunca debemos pelear. Esta posición no es realista ni bíblica. Cuando miramos la vida de Jesús vemos que él experimentó muchas emociones, lloró, peleó, se enojó y habló palabras durísimas, especialmente a los líderes religiosos de su tiempo. Sin embargo sabemos que él no pecó. Por ello podemos estar seguros de que si sentimos emociones que no siempre nos agradan, no significa que estemos pecando.
De hecho, las emociones no son ni buenas ni malas; simplemente son. Nos dan información sobre nosotros. La manera en que las manejamos va a determinar si pecamos o no.
El conflicto, en sí, no es pecado. Cómo lo manejamos determinará si estamos haciendo daño a los demás. El conflicto puede ayudarnos a aclarar conflictos de alguna situación que está molestándonos o que no comprendemos. Pero necesitamos aprender a manejar nuestros
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conflictos para que no hagan daño. No debemos vivir callados para no
pelear, ni hablar de maneras hirientes. La pelea termina, pero las palabras dañinas quedan en la memoria.
El Miedo y las Heridas
Antes de dar algunas sugerencias acerca del manejo del conflictos, creo que vale la pena hablar un poco sobre el miedo. El miedo está detrás de muchas peleas: miedo de perder a la persona; miedo al abandono , al rechazo, a perder el amor o el respeto, a que si digo lo que pienso no me querrá más. Todos tenemos nuestros miedos . Hay que vencer el miedo a hablar y el miedo a no hablar; el miedo a herir y el miedo a ser herido.
En un mundo que en general, está cambiando en contra de la voluntad de Dios, todos hemos sido heridos de algún modo. Cuando encuentro alguien con una furia muy grande, pienso que ella debe ser proporcional a la herida que sufrió y aún tiene.
Es triste de decirlo, pero reaccionamos a partir de nuestras heridas del pasado. Si nos hemos sentido traicionados, inseguros, abandonados en el pasado , entonces la tendencia será pensar que esto podría repetirse. Por ello atacamos a la otra persona como una manera de protegernos: herimos para no ser heridos.
Este asunto merece un libro completo y aquí no podemos elaborar mucho sobre ello, pero tengamos presente que, muchas veces, la persona está reaccionado hacia nosotros a partir de su dolor y sus heridas pasadas. Es importante que busquemos que Dios sane estas heridas.
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Sugerencias para el manejo de los conflictos:
En resumen sabemos que los conflictos existen y ocurren ¿Cómo podemos manejarlos de manera que no dañen? He aquí algunas sugerencias.
1. “No sea histórico” Cuando conocí a mi esposo, él me comentó de un amigo que decía que cuando él y su esposa peleaban, ella se ponía histórica en vez de histérica: Le formulaba un recuento de todos los males que él había cometido desde que se casaron. Cuando el conflicto aparezca, no saques la lista de los pecados pasados. Lo que fue perdonado debe seguir en el mar del olvido. Si son cosas que no han sido perdonadas, hay que buscar el perdón.Cuando estés peleando manténte en el asunto presente. Resiste la tentación de ser histórico y no te dejes persuadir por la lista de tu cónyuge. Si uno empieza el otro debe decirle: Nos hemos puesto de acuerdo en no ser históricos.
2. Mide tus palabras, no pierdas la razón. La furia y el enojo nos hacen perder la razón y afectan el modo de decir las cosas. La Biblia nos dice que debemos hablar la verdad en amor. ( Ef. 4:15) y decir palabras que contribuyan a edificar al otro (Ef. 4:29) . Jesús es nuestro ejemplo : aún estando furioso no pecó. Las cosas duras que tengo que decirlas en amor.
Como psicóloga me gano la vida diciéndoles cosas delicadas a las personas. Para esto vienen a consultarme . He aprendido que si las personas están convencidas que realmente las aprecio y busco lo mejor para ellas, están dispuestas a escuchar lo que tengo que decirles, aunque sea muy difícil de oír. La clave está en como digo las cosas.
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Di la verdad en amor a la edificación del otro. la verdad nos libera. La manera en que dices tu la verdad al otro debe traer liberación, perdón, reconciliación, y la búsqueda de mejores soluciones.
3. No hagas de tus palabras un arma. No asustes a la otra persona. No le hagas amenazas falsas. No les digas cosa que vas a hacer o dejar de hacer si no tienes la intención de cumplir con lo que dices. Como ya mencioné somos aliados no enemigos. Nadie gana la pelea. Aunque uno aparentemente triunfe, la verdad es que todos pierden. Nada de insultos, sarcasmos e ironías. Esto no forma parte de una comunicación sana.
4. Pelea limpio. Habla en primera y no en segunda persona. Por ejemplo: “Yo estoy asustado porque no tenemos suficiente dinero” y no: “Tu siempre gastas el dinero que tenemos”. No uses siempre, nunca, jamás, . estas generalizaciones a más de no ser verdaderas, hieren mucho.
5. Intenta terminar la pelea con un gesto de buena voluntad. Hallan llegado a un acuerdo satisfactorio o no, intenten hacer las paces. Efectúa un gesto de buena voluntad como una taza de café o una invitación para salir a caminar juntos. Acepta el gesto si es la otra persona quien te ofrece.. Estos gestos de buena voluntad llevan un mensaje: ”Tenemos un futuro juntos y eso me gusta”.
6. Busca un tiempo para conversar. Si tienes miedo de no saber decir las cosas o de que la pelea se vuelva aún peor, escribe primero lo que quieres decir y lee la carta al otro como punto de partida. Intenta exponer tu punto de vista sin ofender al otro . Ofrece soluciones posibles para el problema. . Oren juntos. Empiecen la discusión con una oración.
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Pide perdón cuando se requiera. Perdonar ¿Sencillo? Sí ¿Fácil? No.
7. Negocia soluciones. A veces no basta con conversar y perdonar. Hay que buscar soluciones para lo que causa el conflicto. Sean creativos en cuanto a las soluciones. Las cosas pequeñas también molestan. Me acuerdo de una amiga que contó que todos los días su marido se bañaba y dejaba la toalla mojada sobre la cama... !del lado de ella! Esto le molestaba mucho. En cambio el esposo se molestaba antes de dormir, porque la esposa dejaba todas las puertas de los armarios abiertas.
8. Fortalece la relación con tu pareja . Busca oportunidades para estar sólo con tu pareja y conversar de las cosas que son importantes para ambos o las tonterías que les gusta compartir. Tengan tiempos de oración juntos diariamente , si es posible. No esperes hasta que las cosas esten mal para charlar. Asistan a cursos o retiros de enriquecimiento matrimonial para aprender mejores maneras de relacionarse, en especial, modos de comunicación sanos y adecuados. No tengan vergüenza de buscar ayuda profesional si piensan que esto puede ayudarles. El matrimonio es más importante que el orgullo.
Un Comentario Final
Es posible vivir con las diferencias. Cuando me casé lo hice con una persona de otra cultura, de otro idioma, viuda, con hijos grandes. Hay entre ambos una significativa diferencia de edad. Hemos enfrentado muchas cosas juntos en cuanto a los hijos , cambios de países, cambios de trabajo, de costumbres. Lo que nos ha sostenido es la gracia de Dios derramada en nuestro corazón. Empezamos nuestra relación conversando hasta hoy. Cuando viajamos y estamos lejos el
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uno del otro, lo que más extrañamos del otro es la amistad, nuestras conversaciones. A veces nos peleamos, pero buscamos pelear limpio y nos perdonamos mutuamente.
Las diferencias son grandes, pero no enriquecen. Buscamos en nuestras diferencias los recursos para solucionar lo problemas de hoy. Y como resultado él ha aprendido a apreciar la comida brasileña, y yo bueno, aprendí a celebrar Navidad al estilo canadiense.